No hay canciones que describan lo que me pasa.

En las canciones, los corazones se rompen por relaciones terminadas o amores no correspondidos.
Y no, no es lo mismo. Si bien nuestra relación (de purísima amistad, claro) está clínicamente muerta, esto no fue un amor no correspondido, aunque no me corresponda.
Cuando recién nos conocimos, me plagaba de pequeñitos regalos cotidianos.
Tuvimos muchos encuentros que técnicamente sólo pueden ser denominados como citas.
En seis meses, lo vi abandonar a dos novias y venir a decirme lo buena que estaba la libertad (guiño, guiño).
La ambigüedad de nuestros chats por messenger rozó la locura.
Varios amigos me juraban que veían chispas entre nosotros.
Y para qué voy a hablar de las miradas y los toqueteos raros. Para qué.
Hicimos planes. Hicimos pactos.
¿Y en concreto? ¡Nada! Pero nada. Ni siquiera es que me usó para robarme o que le consiga tal cosa.

Shakira, Fey, Julieta Venegas, Erika García... ¿Cómo puede ser que no les haya pasado nunca esto?
¿Será que es demasiado humillante decirlo en voz alta? Claro que lo es, pero a veces la única forma de poder levantarse y andar, es hacer pie en el fondo más fondo de los fondos. Ese podría ser el título alternativo de este blog.

Indescriptible la soledad que se siente cuando todos los llorones que rasgan guitarritas aúllan porque "te fuiste cuando habíamos quedado que lo nuestro era eterno", o porque nunca "te pude tocar".
Indescriptible el pantano absorbente que hay en el gris del medio.
Indescriptible la sensación de abandono y desolación que queda para quedarse tanto tiempo.
Indescriptible el odio hacia él, y su presente tan lejano.


Me quiere como a una amiga.

Hoy por hoy, no puedo distinguir el ego del corazón. Los tengo destruídos por igual. Destrozados, carcomidos, convalecientes, inútiles.
Él, el maldito él, me dijo que me quiere como a una amiga.
El romance nunca ha sido un sitio que me pertenezca, pero como mujer, hay un código social que adquirimos apenas nos ponen nuestro primer vestidito, o todavía peor, apenas nos perforan las orejas en la sala de parto. Pero hay algo que me pone histérica: no conozco un caso como el mío.

La frase popular es clara: "te quiero como a un amigO". Sin chance a la pluralidad de género. Se supone que es nuestro patrimonio clavar una estaca ahí donde antes calentamos la pava, compramos el kilo de criollos y jamás cebamos el mate (pero lo pusimos en la mesa y todo).
Ellos, lastiman de otra forma. Te prometen una inseguridad tras una sonrisa que vende un castillo para hacerte amanecer sola en un telo con un turno por pagar.

Pero él no. Él no. Fui su trapo emocional y espiritual durante medio año y no conseguí sacarle ni un beso en una noche de alucinógenos.
Mi paupérrima destreza amorosa no es lo que se somete a juicio acá.
¿Quién corno se cree que es para usarme y tirarme sin usarme y sin tirarme? ¿Los hombres realmente no son lo que creemos o yo fui el caso aislado que dió con el caso aislado?
Tengo que exponer la evidencia. Quizás sea mi única vía de sanación.