No hay canciones que describan lo que me pasa.

En las canciones, los corazones se rompen por relaciones terminadas o amores no correspondidos.
Y no, no es lo mismo. Si bien nuestra relación (de purísima amistad, claro) está clínicamente muerta, esto no fue un amor no correspondido, aunque no me corresponda.
Cuando recién nos conocimos, me plagaba de pequeñitos regalos cotidianos.
Tuvimos muchos encuentros que técnicamente sólo pueden ser denominados como citas.
En seis meses, lo vi abandonar a dos novias y venir a decirme lo buena que estaba la libertad (guiño, guiño).
La ambigüedad de nuestros chats por messenger rozó la locura.
Varios amigos me juraban que veían chispas entre nosotros.
Y para qué voy a hablar de las miradas y los toqueteos raros. Para qué.
Hicimos planes. Hicimos pactos.
¿Y en concreto? ¡Nada! Pero nada. Ni siquiera es que me usó para robarme o que le consiga tal cosa.

Shakira, Fey, Julieta Venegas, Erika García... ¿Cómo puede ser que no les haya pasado nunca esto?
¿Será que es demasiado humillante decirlo en voz alta? Claro que lo es, pero a veces la única forma de poder levantarse y andar, es hacer pie en el fondo más fondo de los fondos. Ese podría ser el título alternativo de este blog.

Indescriptible la soledad que se siente cuando todos los llorones que rasgan guitarritas aúllan porque "te fuiste cuando habíamos quedado que lo nuestro era eterno", o porque nunca "te pude tocar".
Indescriptible el pantano absorbente que hay en el gris del medio.
Indescriptible la sensación de abandono y desolación que queda para quedarse tanto tiempo.
Indescriptible el odio hacia él, y su presente tan lejano.


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