Él, el maldito él, me dijo que me quiere como a una amiga.
El romance nunca ha sido un sitio que me pertenezca, pero como mujer, hay un código social que adquirimos apenas nos ponen nuestro primer vestidito, o todavía peor, apenas nos perforan las orejas en la sala de parto. Pero hay algo que me pone histérica: no conozco un caso como el mío.
La frase popular es clara: "te quiero como a un amigO". Sin chance a la pluralidad de género. Se supone que es nuestro patrimonio clavar una estaca ahí donde antes calentamos la pava, compramos el kilo de criollos y jamás cebamos el mate (pero lo pusimos en la mesa y todo).
Ellos, lastiman de otra forma. Te prometen una inseguridad tras una sonrisa que vende un castillo para hacerte amanecer sola en un telo con un turno por pagar.
Pero él no. Él no. Fui su trapo emocional y espiritual durante medio año y no conseguí sacarle ni un beso en una noche de alucinógenos.
Mi paupérrima destreza amorosa no es lo que se somete a juicio acá.
¿Quién corno se cree que es para usarme y tirarme sin usarme y sin tirarme? ¿Los hombres realmente no son lo que creemos o yo fui el caso aislado que dió con el caso aislado?
Tengo que exponer la evidencia. Quizás sea mi única vía de sanación.
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